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PIRINEOS: ¿CORDILLERA, CIUDAD O PRINCESA?

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LA CORDILLERA



" Los Pirineos se extienden desde Nuestro Mar hasta el Mar exterior" (Polibio, 3, 35,7)

Las fuentes que hacen referencia a la cordillera Pirenaica son muy antiguas, esto quiere decir que al menos desde el siglo VII a. C. la península ibérica había sido visitada por los fenicios y que habían recorrido sus costas. Pero en un principio las referencias que se tienen son vagas e imprecisas; tenemos que esperar hasta el s. II a. C. para que Polibio, que vio la caída de Numancia en el 133 a. C., nos de una referencia más precisa. Este autor cita los Pirineos cuando describe la marcha de Aníbal a Italia en el 218 a.C. y además la nombra de dos formas distintas, en singular haciendo referencia al nombre de una ciudad y también en plural.

Posteriormente, Diodoro de Sicilia (s. I a.C.) da una descripción más exacta de la localización de los Pirineos y cuenta una leyenda que fue repetida por diferentes autores de la antigüedad:

" Dícese a este propósito que en tiempos p…

PLANTAS MÁGICAS: EL CABRAHIGO, SIMBOLOGÍA SEXUAL. APORTACIONES A LA LEYENDA DE RÓMULO Y REMO.





Sobre la leyenda de los fundadores de Roma, Rómulo y Remo, se han escrito miles de líneas a lo largo de los siglos. Los investigadores de la Historia Antigua siempre se han sentido atraídos por descifrar el verdadero origen de una de las ciudades más relevantes para el mundo occidental. 


   Todo comenzó, según la leyenda, con dos hermanos gemelos metidos en una canastilla y abandonados junto a la orilla del río Tiber.  Este hecho no es muy original como sabemos, puesto que ya se había usado en otras leyendas de hombres ilustres, pero lo que viene a continuación del relato lo es en cuanto que nos habla de las características propias de aquella población que creó la leyenda (no sabemos en qué momento) según sus creencias y su substrato ideológico.


   De entre todos los textos que hablan de los gemelos hemos escogido el de Plutarco (Vidas Paralelas: Rómulo. Ed. Obras Maestras, Barcelona, 1979) por ser el más gráfico y dice así:


“…Había allí cerca un Cabrahigo, al que llamaron Ruminal, o por Rómulo, como opinan los más, o por los ganados que a mediodía sesteaban a su sombra, o más aún por la lactancia de los niños, porque los antiguos a la teta le decían ruma, y a cierta diosa que creen preside a la crianza de los niños le llaman Rumilia, y le hacen sacrificio abstemio, libándole con leche…”  


   El Cabrahigo (higuera silvestre) que cita Plutarco se encontraba para más señas a la entrada de una gruta llamada Lupercal, a los pies del Palatino en su vertiente occidental, y cuando las aguas empezaron a descender, la canastilla se detuvo a los pies de la higuera y una loba los amamantó hasta que fueron encontrados. 


   Esta leyenda tiene elementos muy interesantes, pero solamente nos vamos a dedicar a los que nos atañen a este tema. Empezaremos hablando de la importancia que tuvieron algunos árboles en las religiones antiguas, algo fundamental para situarnos en el tiempo en que se desarrolla la leyenda. Lo podemos leer, por ejemplo en la Historia Natural (XII, 2. Ed. Gredos 2010) de Plinio el Viejo donde dice:


   “Los árboles fueron templos de divinidades, y todavía en la actualidad, a la antigua usanza, los sencillos campesinos le dedican a un dios el árbol que descuella. Y no adoramos con mayor fervor las resplandecientes estatuas de oro y marfil que los bosques sagrados, y en ellos, especialmente, su silencio. Hay especies arbóreas que gozan de permanente protección por estar consagradas a determinadas divinidades, como el roble a Júpiter, el laurel a Apolo, el olivo a Minerva, el mir­to a Venus y el álamo a Hércules. Y para mayor abunda­miento, creemos que silvanos, faunos y una variedad de diosas, con sus potencias divinas, les han sido otorgados a los bosques como por designio celeste.” (ver Axis Mundi eneste blog)


   Como podemos ver cada árbol se dedicaba a una divinidad y esto no se hacía a tontas y a locas, sino porque presentaba unas características especiales que se adecuaban a los atributos de un dios determinado.


   El hecho de que en la leyenda de Rómulo y Remo se cite el Cabrahigo no es ninguna casualidad. En un mito de nacimiento (de una ciudad en este caso) el Cabrahigo es el elemento simbólico y mágico al mismo tiempo. Es cierto que Tito Livio dice “ficus” y no “capraficus”, pero es mucho más apropiado el nombre que utiliza Plutarco por las razones que iremos exponiendo a lo largo del artículo.


   El Cabrahigo es la higuera silvestre y tiene algunas características distintas de la higuera cultivada (la que conocemos normalmente):

  • suele crecer en lugares húmedos y expuestos al sol.
  • suele crecer aislado, no en grupos.
  • parece más un arbusto que un árbol, extendiendo sus ramas paralelas al suelo.
  • rebrota muy fácilmente y se puede reproducir con facilidad.
  • las flores crecen encerradas en el interior del higo, que no es realmente una fruta, sino un receptáculo. En su interior existen flores masculinas y femeninas separadas, por lo cual es necesario un insecto que penetre a través del llamado "ojo del higo" y las polinice (las cultivadas suelen ser dioicas). El cabrahigo es en realidad hermafrodita.
  • el higo tiene forma de pera y en la parte superior termina en un pezón del que se desprende un látex  blanquecino, a semejanza de leche, que además tiene algunas propiedades medicinales.
  • el higo, cortado en dos a lo largo, tiene también cierta semejanza con el aparto reproductor femenino.
  • pero quizás lo más llamativo para las poblaciones antiguas haya sido la perfecta simbiosis que existe entre la planta y la avispilla que introduciéndose en el receptáculo por un pequeño poro fecunda el higo y este se hincha y se vuelve jugoso. Los griegos en la antigüedad ya conocían la técnica llamada de cabrahigar las higueras, es decir, colgar de sus ramas el fruto del cabrahigo para que la avispilla realizara la fecundación pasando de unos frutos a otros.  



  Sabemos por la arqueología que la higuera fue una de las primeras plantas cultivadas por el ser humano y que debido a lo anteriormente expuesto y a algún detalle más, como las épocas en que da el fruto, etc., no es de extrañar que hayan surgido relaciones mitológicas con determinados dioses y diosas, pues además no olvidemos la abundancia de frutos que da una higuera.
 
   En el Génesis es este árbol el que se representa como árbol de la vida y del conocimiento, Adán y Eva cosieron hojas de higuera para tapar su desnudez, y así está representado en altorrelieves del románico, en códices e incluso en la Capilla Sixtina por Miguel Ángel; es más tarde, a lo largo de la Edad Media, cuando se desarrolla la tradición de que el árbol del conocimiento era un manzano (aunque el manzano estaba dedicado a Venus, ver Venus en este mismo blog).

   Una vez que hemos visto las características fundamentales de un Cabrahigo pasaremos a hablar de los que había en la misma ciudad de Roma, en el convencimiento de que, al menos en origen, lo eran.

   Los autores clásicos a través de sus textos nos relatan con frecuencia acontecimientos ocurridos a las higueras sagradas que había en Roma y, aunque es evidente que cuando Plinio el Viejo las enumera ya se había perdido el verdadero carácter religioso que tenían, eso nos permite conocerlas. Cita, por ejemplo, (Libro XV, 20, ed. Gredos) que 

1)      se rinde culto a una higuera que nació en pleno Foro de Roma, concretamente en el Comicio, sagrada porque allí se hizo el enterramiento de unos rayos”
2)      Habla de otra “delante del templo de Saturno que fue arrancada…después de un sacrificio ofrecido por las vestales porque se creía que estaba socavando la estatua de Silvano” y
3)      de otra más que “nació espontáneamente en medio del Foro, en donde Curcio había restablecido los cimientos del Imperio, que se hundían por un prodigio funesto, con los mayores bienes, o sea, con su virtud, su piedad y su gloriosa muer­te”.
4)      Finalmente la más importante, aquella que “como nodriza de Rómulo y Remo, fue la primera que cobijó a los fundadores del Imperio en la Lupercal recibiendo el nombre de Ruminal porque a su pie fue halla­da la loba dando a los niños la rumis— así se llamaba entonces la ubre— . A su lado se dedicó una representación en bronce del milagro, en la idea de que la higuera se había trasplantado ella sola al Comicio por el augurio de Ato Navio. Además, no se seca sin que eso sea un presagio, y entonces la vuelven a plan­tar cuidadosamente los sacerdotes.”

   Si nos fijamos atentamente, estas cuatro higueras sagradas están distribuidas en un espacio reducido y en zonas muy concretas donde anteriormente habían existido marismas, no en cualquier otro lugar. Los propios autores clásicos las “fechan” en los periodos más antiguos de la historia de Roma, hasta el punto de que con el tiempo pasan a formar parte de las leyendas.
 
   . La primera seguramente estaría rodeada de un puteal, porque se menciona el lugar donde habían caído los rayos y estos se solían rodear de un círculo de piedras. Se ve que para un romano (indoeuropeo) tiene más sentido religioso un rayo que un árbol rodeado por un círculo de piedras. 


 Esta higuera estaba situada, según Plinio, en el Comicio cerca del Argileto, por donde discurría la Cloaca Máxima (en la fotografía señalada en rojo) y del Lago Curtio.



   . La segunda estaba localizada no muy lejos de la primera, “delante del templo de Saturno”, a los pies del Capitolio, en la antigua zona cubierta de aguas que luego se canalizaron en la cloaca Máxima. (ver El Capitolio en este blog).

    
 Parece ser que el Templo de Saturno es, en origen, el edificio más antiguo del Foro. Plutarco (Cuestiones romanas, 11), por ejemplo, se pregunta sobre lo extraño que resulta su ritual porque los sacrificantes llevaban la cabeza descubierta, cosa que no es propia de un ritual romano. Más adelante (Cuestiones romanas, 42) nos dice que es un dios protector de las cosechas y la agricultura y que el mercado que se celebraba en el Foro estaba puesto bajo su protección, porque “la abundancia de fruto dio lugar a la venta y la compra”. Se dice que, anteriormente a la construcción del templo, existía ya un altar atribuido a los compañeros de Hércules que decidieron quedarse a residir en esta zona. No queremos extendernos sobre el dios Saturno, sino sólo hacer ver que en este punto confluyen mitos y leyendas muy antiguas seguramente relacionadas con griegos y etruscos. 

   . La tercera se sitúa en otro punto especialmente interesante: el lago Curcio. Sobre este lago, otros dicen que primero fue una sima sin fondo, existen numerosas versiones. Pero Ovidio (Fastos, 6, 395, ed. Espasa Calpe) nos relata lo siguiente: 
“Esto, donde ahora están los foros, lo cubrían charcas húmedas; había un foso empapado con el agua que rebosaba del río. El lago Curcio, que sostiene altares secos, es ahora tierra firme, pero antes era un lago. Por donde ahora suelen ir las procesiones a través del Velabro hasta el Circo, no eran más que saucedales y cañas huecas;….Aquí había también un lago de juncos y cañas densas, y una charca en la que no se podía entrar con los pies calzados. Los pantanos desaparecieron y las aguas están dentro de sus riberas, y la tierra está ahora seca; sin embargo, se conserva aquella costumbre”  (la de atravesar el Foro con los pies descalzos).






El Lacus Curtius, según Bayet, evocaba el recuerdo de antiguos sacrificios humanos que más tarde se justificaron con leyendas en las que los héroes se sacrificaban voluntariamente como ofrendas ctónicas para asegurar a los vivos el favor de los muertos, pero con el paso del tiempo se convirtió en una ofrenda de monedas por la ventura del emperador (echar monedas a las fuentes es una costumbre que  ha llegado hasta nuestros días, pero personalmente, no creo que sea en recuerdo de sacrificios humanos). 
Según continúa la leyenda, cuando la sima se cerró dejó un lago en cuyas orillas brotaron una higuera, un olivo y una vid.

EL FORO ROMANO EN ÉPOCA IMPERIAL, A LA IZQUIERDA EL CAPITOLIO. TODAVÍA PODEMOS VER LAS TRES PRIMERAS LOCALIZACIONES.





·      . La cuarta es la más conocida porque se refiere a la leyenda de los fundadores de Roma. Esta cuarta higuera es la más importante porque a su alrededor se dan unas circunstancias especiales.

   Se encuentra a la entrada de la gruta(1) de El Lupercal (ver Lupercal en este mismo blog), al sudoeste del Palatino en el valle de Murcia, que también estuvo cubierto por las aguas, donde se celebraban las carreras de carros durante las celebraciones de Consualia en agosto y valle sagrado por excelencia, repleto de templos dedicados a diosas. Esta cueva que, según Dioniso de Halicarnaso, era grande y cavernosa tenía, sin duda, un elemento más: contaba con una"piedra hueca de la que brotaban fuentes".






                        Maqueta del Museo de la civiltà romana


En esta cueva se llevaban a cabo los ritos de las Lupercalia, ritos de fertilidad que se pierden en el tiempo y que podrían tener relación con el mundo etrusco por el nombre de la higuera: ruminal.


   Bien, una vez que hemos visto que las cuatro higueras sagradas que nos describen los autores romanos se encuentran en un espacio concreto y presentan unas características similares pasaremos a analizar por qué estas y no otras, es de suponer que en Roma habría muchas más, se consideraron sagradas, ya que no nos conformamos con la idea de que el habitante medio de aquella época tenía una imaginación desbordante y veía dioses en cualquier parte.

   Así, en el libro de De Gubernatis ( Mythologie des Plantes. Les lègendes du règne végètal. Angelo De Gubernatis. T.2. Paris,1882) aparece la higuera como un árbol antropogénico, generador y nutricio por excelencia, venerado desde la antiguedad, y nos compara la higuera Ruminalis con el açvattha cósmico de la india. Es muy interesante esta idea de De Gubernatis: "un símbolo de generación y de fecundidad, y que por lo tanto preside naturalmente la fundación de una gran ciudad y de un gran pueblo”, según dice, porque en esta frase tendríamos el punto de unión entre los mitos antiguos y los nuevos; los fundadores salvados y arropados por la misma diosa simbolizada en el Cabrahigo (mitología anterior) y alimentados por los representantes del dios Marte (mitología de los nuevos pobladores) en una perfecta simbiosis.  Pero no nos podemos quedar sólo con esto, ya que en realidad no explica nada. 

   De Gubernatis, más adelante, hace una pirueta, un tripe salto mortal para ir desde el árbol cósmico a la representación de la higuera como árbol fálico, de cuya madera, dice, se hacían frecuentemente estatuas del dios Príapo. En efecto, parece ser que en tiempos históricos tiene esas connotaciones, por ejemplo entre los árabes el látex se relaciona con el semen y no con la leche materna, pero esto es una clara derivación del símbolo al cambiar a la cultura patriarcal.


    Lo verdaderamente interesante es que en las cuatro higueras sagradas de Roma encontramos claros signos de una diosa madre anterior a la fundación de Roma:

  •    el círculo de piedras,

  •        las aguas,

  •        la cueva como lugar de nacimiento,

  •        la fuente,

  •        la higuera (Rumina),

  •        el olivo (Minerva),

  •       la vid (en el sur de Babilonia la diosa del árbol de la vida era llamada  "la señora de la viña"(2),

  •      la mama, etc., son demasiados elementos indicando una misma dirección (3).



   Otro dato más que corrobora lo anteriormente dicho es el que aporta Plutarco. En Cuestiones romanas (57) se pregunta: "¿por qué cuando (los romanos) llevan a cabo un sacrificio en honor de Rumina hacen libaciones con la leche de las víctimas y en cambio no ofrecen vino?" 

   Es evidente, entonces, que a Rumina se le sacrificaban hembras en periodo de lactancia  con grandes ubres colgantes como una higuera repleta de higos. Si lo pensamos bien, esta simple pregunta de Plutarco nos trasporta a tiempos antiquísimos en los que la vid era todavía silvestre y no se le daba el uso y el rito que tuvo después, pues en estos rituales es en donde, por tener carácter religioso, no se modifica nada a lo largo de los siglos.

   Y, por fin, el punto final vendría de la mano de Uberto Pestalozza (La religión mediterránea), quien compara la higuera Ruminal (diosa Rumina) con la Artemisa de Éfeso.




Higuera con sus frutos



Artemisa de Éfeso




Loba del Capitolio







   A lo largo de publicaciones anteriores hemos venido apuntando las evidencias que existen en el solar de la ciudad de Roma de una cultura anterior de tipo matriarcal tan potente que los nuevos vecinos indoeuropeos no tuvieron más remedio que asumir, adaptar y readaptar a sus creencias, sin saber, en la mayoría de los casos, a qué se debían esas prácticas, lo cual nos indica, por otra parte, que no eran propias. 

   Pudo ocurrir que los antiguos habitantes de esas colinas fueran absorbidos por los nuevos y que se terminara creando un eclecticismo religioso difícil de discernir en la época. Esto no es nada extraño, todas las fuentes hablan de que las colinas de Roma, y el Lacio en general, estaban pobladas por los Aborígenes, Pelasgos, Griegos, Etruscos, Ligures, Sículos y otros pueblos antes de la llegada de los Romanos. Decir qué pueblo era el que adoraba en Roma a la Diosa Madre no es fácil sin pruebas arqueológicas, pero sería más lógico admitir esta evidencia que sacar conclusiones adaptadas al pensamiento moderno. 

   Es cierto que los romanos formaban parte de un pueblo práctico, pero en la antigüedad todo estaba imbuido de un carácter religioso. Decir, por ejemplo, que una higuera sería adorada porque la gente se comía los higos no es ponerse en la manera de pensar de la época, aunque se los comieran realmente. La capacidad de asombro, alegría o temor, era en épocas remotas el carácter religioso, que luego, por supuesto, se va complicando. 



El Cabrahigo no es sagrado porque sea higuera, sino porque:

·       en los higos (que además no son comestibles en este árbol) se reunen los dos principios vitales masculino y femenino en un todo, como en la Diosa Madre, conectados por un tercer elemento la avispilla que los fecunda y que además se transforma en su interior porque al entrar pierde las alas y después de poner los huevos muere, dando lugar a una nueva generación que repetirá el ciclo vital, tanto del Cabrahigo como del insecto, perfecta simbología de la sexualidad; 

·       porque, además, este árbol-arbusto "hunde" sus raíces en el agua, otro principio vital (líquido amniótico)

·       y porque, además, presenta una serie de características que lo asemejan con la con la leche materna (otro elemento vital), 

·       si para mayor gloria está a la entrada de una cueva (útero de la diosa madre) y esa cueva tiene fuentes (líquido amniótico de la diosa madre), es ya la personificación misma de la diosa.


   Quizás ahora se pueda entender mejor por qué era necesario reunir en una única leyenda todos los puntos clave de la mitología y esto nos lleva a las siguientes conclusiones:


1.   Que a la llegada de los pueblos indoeuropeos (de carácter patriarcal) existía ya un pueblo o pueblos de carácter matriarcal.

2.   Que la leyenda de Rómulo y Remo es muy antigua, creada cuando todavía tenían sentido los símbolos de la mitología anterior y pensada para imponer un dominio político y cultual a los habitantes anteriores a los que asimilaron de una forma u otra, porque en caso contrario no haría falta crear mitologías mixtas.

3.   Que a pesar de todo, los cultos de tipo matriarcal siguieron teniendo vigencia como se puede rastrear a través de los textos que han llegado hasta nosotros.

4.   Que los cultos de tipo matriarcal no eran propios de los “romanos” puesto que ellos mismos trataban de buscar una explicación a los mitos y a los ritos sin encontrar una respuesta satisfactoria.
   Bien, en resumen, tal vez cuando veamos en cualquier parte una higuera solitaria nos paremos un momento a contemplarla recordando la leyenda de Rómulo y Remo.






(1) En agosto de 2007 se publicó la noticia de que había sido descubierta la cueva del Lupercal al realizar trabajos en el palacio de Augusto( http://news.bbc.co.uk/hi/spanish/misc/newsid_7106000/7106036.stm), aunque algunos arqueólogos muestran opiniones diferentes. Nos llama la atención de que las paredes estén cubiertas de conchas marinas, clara simbología de una diosa.

(2) A.Baring-J. Cashford: El mito de la diosa. Ed. Siruela, Madrid, 2014)

(3) Op. cit.


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