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REFLEXIONES SOBRE LOS DIOSES ANTIGUOS




  Mi interés por las religiones antiguas, debo confesarlo, no es un capricho de los dioses. De la misma manera que un filólogo se deja la vista separando raíces de palabras de sus desinencias o un arqueólogo estropea sus manos y su tiempo en sacar del polvo y el barro diminutos trozos de cerámica para construir tipologías, el historiador de las religiones antiguas se deja las cálidas tardes de verano o las frías noches de invierno en tratar de descubrir un atisbo del pensamiento humano en los símbolos y las figuras de unos dioses en los que creyeron los primeros pobladores del mundo. Estas creencias nos han llevado a ser lo que somos; no mucho, dirían algunos, pero aún con todo es lo que nos distingue del resto de los pobladores del planeta. Pensamos y actuamos según nuestras creencias, por eso es tan importante saber de dónde y en qué momento han surgido y cómo han evolucionado.

   El ser humano en la antiguedad tal vez no estaba tan desamparado como creemos, porque aceptaba sin preguntas su destino tal como lo aceptan el resto de seres vivos; pero no lo hizo de una forma inconsciente, sino que, a través de la observación se dio cuenta de que existían una serie de ciclos de vida, muerte y regeneración que no querían decir precisamente que el muerto volviera a nacer, sino que el muerto daba vida a otros seres. Cuando un animal moría, muchos vivían de esa muerte; cuando alguien moría y era enterrado muchas flores crecían en su tumba. Este ciclo está expresado en muchas religiones antiguas, pero creo que nunca se ha entendido mejor que en períodos prehistóricos y especialmente en el neolítico y calcolítico.
Desde el siglo XIX hasta nuestros días se han extraído miles de figurillas que primero denominaron "venus" y después "diosas madres", y yo me pregunto: ¿cómo sabemos que esas figuras querían representar a una diosa madre de la fertilidad y de dónde nos hemos sacado todas esas ideas de la magia simpatética y de la abundancia y otras historias?, ¿acaso nos lo ha contado algún prehistórico que ha viajado en el tiempo?. ¿Tal vez lo hemos imaginado sólo porque eran representaciones  de mujeres gordas y celulíticas?
No, claro que no. 
   Todavía en la actualidad hay, o las había hasta hace poco, culturas en África que siguen fabricando muñecas con los pies juntos con la finalidad de clavarlas en la tierra junto al hogar como símbolo de protección. Durante la prehistoria, muchas de las representaciones de "figuras femeninas" grabadas en la roca no estan dentro de la cueva, ni siquiera al fondo de la cueva donde se supone que sería el santuario ¿podrían estar, quizá, protegiendo la entrada, ese espacio mágico, el umbral, donde puede ocurrir cualquier cosa porque no es tierra de nadie, ni dentro ni fuera, y que ha llegado hasta nosotros en tradiciones como besar bajo el muédago en determinadas fechas?.
   Las raíces ma-, pa- y da- son tan antiguas como el mundo en todas las lenguas. Podríamos decir, sin equivocarnos mucho, que el hombre prehistórico dividió todo lo que tenía alrededor en dos fuerzas principales: la que crea y la que mantiene o protege y así vió que los manatiales, especialmente los salutíferos, crean vida (femeninos, dedicados a las diosas o ninfas) y que los ríos pueden proteger, pero es mejor no beber de sus aguas (masculinos, dedicados a los dioses); que los árboles que dan fruto y , por lo tanto, alimentan son femeninos, vinculados a la diosa (o distintas diosas, según su naturaleza) y los que ofrecen protección, ya sea por la madera o por otras cualidades son masculinos; que la Luna, que en un principio se la creyó masculina, tal vez porque sólo se la vio como un astro que ilumina por la noche, después, cuando se la relacionó con los ciclos vitales y se vio que influía en determinadas fuerzas de la naturaleza, se la imaginó femenina y se la relacionó con las diosas ( en algunas culturas todavía es masculina) y que el Sol, que en un principio se creyó femenino (en algunas lenguas todavía lo es), después se llegó a la conclusión de que era masculino y se le relacionó con los guerreros conquistadores por su poder de destrucción. El principio femenino que se adora del sol no es el Sol en sí mismo, sino la luz blanca, pura, que ilumina y hace crecer, es decir la Aurora, la mañana (femeninas).
   No tenemos que reflexionar mucho para darnos cuenta a través de lo dicho de que según este tipo de pensamiento estas dos fuerzas no son opuestas, sino que se complementan, cosa que quedaría atestiguada por la arqueología ya que según los arqueólogos que han excavado los yacimientos de estas épocas en Europa parece que los poblados no tenían fortificaciones y que las alturas eran santuarios y no ciudadelas. 
Volviendo al principio de la narración, lo que quiero resaltar es que estudiar las religiones antiguas podría ser muy bien una forma más de averiguar el pasado no escrito, sino relatado de generación en generación y que de la misma forma que la arqueología levanta estratos y deduce a través de sus fósiles conductores, el historiador de las religiones antiguas puede levantar capas de dioses y diosas, no sólo para averiguar unas creencias del pasado, sino también para saber movimientos de población y tipos de culturas superpuestas. Tal vez haya que inventar una nueva ciencia.

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