VOLVER A PORTADA

Translate

Comparte este post con tus amigos

CARMENTIS



Laussel (bajorrelirve en la roca. Dordoña, Francia)



 A los pies del Capitolio, cerca de la puerta del mismo nombre, Puerta Carmental, se encontraba un templo, tal vez sólo un altar, dedicado a Carmenta. Sobre el origen de este nombre hay muchas versiones:

  • Ovidio lo relaciona con carpenta, un vehículo de cuatro ruedas y con toldo en el que, antes de la Lex Oppia, se trasladaban  las mujeres y cuyo uso era su privilegio.
  • Estrabón la considera una ninfa, hija del río Ladón, río de la Arcadia, patria de Evandro.
  • Otras versiones la consideran como la madre o la esposa de Evandro, la cual auguró el grandioso futuro del pueblo que tendría origen en ese territorio.
Todas estas versiones se remontan a los orígenes más oscuros de la fundación de Roma lo que nos indica que es una divinidad tan antigua que los propios romanos habían perdido la memoria de su origen. Lo que sí parece claro es que está relacionada con las aguas y por lo tanto con lo femenino, el don de la adivinación y los partos. Va unida a otras dos divinidades, también de origen oscuro, a las que se invoca: Antevorta, si el niño aparece en el parto de cabeza, y Postvorta, si aparece de pies.
No a mucha distancia, junto al templos de Cástor y Pólux, se encontraba la fuente de Yuturna ( restaurada recientemente) a la que se atribuían propiedades medicinales y que estaba íntimamente relacionada con Carmenta. El día 11 de Enero el flamen Carmentalis ofrecía a Carmenta sobre su altar un sacrificio no cruento (tal vez cereal), como lo pedían las ninfas, pues ellas protegían los nacimientos; cuatro días después, el 15, se celebraba una nueva fiesta en su aspecto de Antevorta y Postvorta.


Cuando nacía un niño las Carmentes descubrían su destino por la posición de los astros, en su papel profético, de la misma manera que la madre de Evandro anunció el destino de Roma.
Por la fecha de las fiestas (los idus coincidían con la luna llena) y por ser tres hermanas, creo no aventurar mucho si digo que serían divinades lunares propias de pueblos neolíticos o muy mediterraneizados, quizá como los sabinos, que parece ser que habitaron el Capitolio. No olvidemos que este monte estuvo durante mucho tiempo fuera del pomerio, aislado por las aguas del Velabro.
Se puede ampliar el estudio en: Plutarco: Cuestiones romanas.  Akal Clásica. Madrid, 1992: CARMENTA  p. 68, 277 y ss. (Cuestiones Romanas).



Comentarios

BLOGS DE VOCABULA